El verdadero Che Guevara

Posted by | Posted in Historia | Posted on 14-02-2009

Hace unos meses escribí un artículo acerca de Rasputín, defendiéndolo de un sinnúmero de mentiras que sus enemigos comenzaron a propagar con el fin de justificar su cruel asesinato. Tal fue el impacto que esto creó, que aún actualmente hay quienes piensan que este hombre fue el mismo demonio encarnado.

Pues bien, en este artículo sucede lo contrario. El Che Guevara ha sido casi santificados por muchos fanáticos, considerándolo un ídolo de la revolución, un héroe. Llevan encima camisetas con su cara, cuadernos, llaveros y un sinnúmero de artículos mercadológicos que exaltan una imagen que es ficticia: el Che no fue más que un asesino.

Según un artículo publicado en la Nación de Costa Rica, ese héroe de la izquierda, con su aire hippie es un mito creado por los propagandistas de Fidel Castro, una especie de cruza entre Don Quijote y Robin Hood cuya imagen es sólo eso, una ficción idealizada por muchos.

Pose de moda.

Lo que funciona para los adolescentes también parece funcionar con los directores de películas que quieren sentirse eternos adolescentes. En los años 60, el estilo Che, con barba y boina, era al menos una atrevida declaración política. Hoy es poco más que una pose de moda que inspira una épica de Hollywood de gran presupuesto. ¿Qué viene después, un parque temático del Che? Sin embargo, una vez hubo un verdadero Che Guevara: es menos conocido que la marioneta de ficción que ha reemplazado a la realidad. El verdadero Che fue una figura más significativa que su clon de ficción, ya que fue la encarnación de lo que la revolución y el marxismo realmente significaron en el siglo veinte.

El Che no era un humanista.

De hecho, ningún líder comunista sostuvo nunca valores humanistas. Fieles al profeta fundador de su movimiento, Stalin, Mao, Castro ni el Che tuvieron nunca respeto por la vida. Para bautizar un nuevo mundo, era necesario derramar sangre. Cuando uno de sus primeros compañeros de lucha lo criticó por la muerte de millones de personas durante la revolución china, Mao observó que millones de chinos mueren todos los días, así es que ¿qué importa? De manera similar, el Che podía matar y encogerse de hombros. Estudió medicina en Argentina, pero escogió no salvar vidas, sino eliminarlas. Tras llegar al poder, el Che condenó a muerte a quinientos “enemigos” de la revolución sin juicio previo, ni siquiera con demasiada discriminación.

Destruyó la agricultura.

Castro, que no es ningún humanista, hizo lo que pudo por neutralizar a Guevara y lo nombró ministro de Industria. Como era de esperarse, el Che aplicó políticas soviéticas a los cubanos: la agricultura fue destruida y por todo el país quedaron regadas fábricas fantasmas. No le importaban la economía de Cuba ni su pueblo: su propósito era buscar la revolución por si misma, significara lo que significara, como el arte por el arte.

De hecho, sin su ideología el Che habría sido poco menos que otro asesino en serie. La propaganda ideológica le permitió matar en números mayores que lo que habría podido imaginar cualquier asesino en serie, y todo en el nombre de la justicia. Hace quinientos años, el Che probablemente habría sido uno de esos soldados que exterminaron a los nativos de América Latina en el nombre de Dios. En el nombre de la Historia, el Che consideraba que matar era una herramienta necesaria de una causa noble.

Pero supongamos que juzgamos a este héroe marxista según sus propios criterios: ¿realmente transformó al mundo? La respuesta es sí, pero para peor. La Cuba comunista que ayudó a crear es un fracaso indiscutible, mucho más empobrecida y menos libre que antes de su “liberación”. A pesar de las reformas sociales de las que la izquierda gusta jactarse acerca de Cuba, el índice de alfabetismo era mayor antes de que Castro llegara al poder, y el racismo contra la población negra estaba menos extendido. De hecho, hoy es mucho más probable que los gobernantes de la isla sean blancos que durante los días de Batista.

Gestor de dictaduras militares. Más allá de Cuba, el mito del Che ha inspirado a miles de estudiantes y activistas en toda América Latina, haciéndolos perder la vida en absurdas guerras de guerrillas. La izquierda, inspirada por el canto de sirena del Che, prefirió la lucha armada a las urnas. Al hacerlo, abrió el camino a las dictaduras militares. América Latina aún no se ha curado de estos efectos secundarios del guevarismo.

De hecho, cincuenta años después de la revolución cubana, los latinoamericanos siguen divididos. Las naciones que rechazaron la mitología del Che y escogieron el camino de la democracia y la libertad de mercado, como Brasil, Perú y Chile, están mejor que nunca: la igualdad, la libertad y el progreso económico han avanzado a la par. Por el contrario, las que siguen nostálgicas de la causa del Che, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, están en estos momentos al borde de la guerra civil.

El verdadero Che, que dedicó la mayor parte de su tiempo como presidente del Banco Central de Castro a supervisar ejecuciones, merece ser mejor conocido. Quizás si la película épica de dos partes de Soderbergh resulta un éxito de taquilla, sus financistas querrán filmar una secuela más ajustada a la verdad.  Ciertamente no faltaría material para “La verdadera historia del Che”.

En resumen, ser fanático del Che es algo así como ser fan #1 de Hitler. Antes de idolatrar a algún personaje histórico lo mejor es informarse y no dejarse llevar por la publicidad y el marketing.

Fuente: La Nación de Costa Rica

Las profecías del argentino Parravicini

Posted by | Posted in Misterios Inexplicables, Profecías | Posted on 30-09-2008

En los años 1933 a 1940, un arginto llamado Benjamín Parravicini hacía curiosos dibujos adornados con un texto, que constituyeron anuncios tan exactos como increíbles. Hacía los dibujos estando consciente, pero su mano se movía para hacerlos a pesar suyo. A veces surgían a mitad de la noche y en previsión de ello tenía a todas horas, junto a su cama, papel y un lápiz. Dibujaba en la oscuridad, sin ver lo que hacía. Algunos dibujos parecían anticipar lo que sucedería en unos años más. Era el suyo un panorama sombrío, que terminaría con una era de amor y paz, coincidiendo con el regreso de Cristo a la Tierra.

En 1937 realizó un dibujo en el que anunciaba no sólo el estallido de la II Guerra Mundial, sino que también el de la bomba atómcia sobre Hiroshima. Otro se refería, en 1938, a los cuatro año sque Francia sería ocupada por III Reich y que la bandera de la cruz gamada ondearía en la torre Eiffel. En el mismo año, otro dibujo anunciaba la muerte, casi al mismo tiempo de Hitler y Mussolini. El siguiente año, uno de los dibujos mostró el fin del reinado de Chian Kai Chek en China y el triunfo del comunismo en ese país.

En 1938, Parravicini ilustró uno de estos dibujos con el siguiente texto: “El papado cambiará sus normas. La misa será protestante sin serlo. Los portestantes serán católicos sin serlo. El Papa se alejará del Vaticano en varios viajes y llegará a América” . El año anterior, Parravicini había escrito que el mar avanzaría y que se derretirían los casquetes polares, así como se desplazarían los polos. No daba el año de 1982, como habían hecho Jeanne Dixon y Edgar Cayce para señalar cuándo sucederían estos cataclismos. El profeta argentino se limitó a decir que después de utilizar las armas apocalípticas, la humanidad tendrá que buscar refugio en las cuevas subterráneas y volver a empezar una nueva era.

También profetizó que en Argentina reinaría una verdadera libertad y alcanzaría un completo bienestar. Esperemos que por lo menos esa buena profecía se cumpla para suerte de nuestros hermanos argentinos.

Tomas Doreste, Oceano