Mata Hari ¿Espía o una prostituta ingenua?

Nació, a raíz de su lamentable fin, la leyenda de Mata Hari, a quien se ha venido considerando el prototipo de la espía perfecta. Y como sucede en todas las leyendas, ésta tuvo algo de verdad y algo de mentira. La mujer sí murió fusilada, pero no era una jovencita y con respecto de que fue una gran espía existen muchas dudas.

Sabía contar historias fabulosas

Tuvo sus buenos momentos de danzarina oriental y a sus embelesados admiradores relataría más tarde los tiempos en que se contorsionaba casi desnuda, a orillas del río Ganges, ante el maharajá y sus maharaníes. En realidad, ellos jamás tuvieron ocasión de admirarla en la India, pero creían en lo que ella les contaba. Y, añadía la hermosa mujer que su nombre significaba quién sabe qué lindas cosas en Oriente. Era dueña de una fabulosa imaginación.

En realidad, no fue Mata Hari su verdadero nombre, ni tampoco nació en la India. Era holandesa. Nació el 7 de agosto de 1876 en el pueblecito de Leeuwarden y su nombre era Greta Gertrude Zelle.

Creció en el seno de una familia estremecida por los problemas conyugales y económicos, por culpa de un padre que quiso ser comerciante sin ser ésta su vocación. El hombre murió poco  después de irse a la quiebra y dejó desamparada a su familia. Pero, al parecer, a Greta no le disgustó demasiado la prematura desparición del padre.

Al cumplir los dieciocho años era una romántica incorregible que soñaba con ser raptada un día por un militar. Buscó al oficial de sus sueños y fue a encontrarlo en la página de anuncios matrimoniales del periódico de Leeuwarden.

Escribió al hombre que andaba a la busca de una esposa.  Era un cierto capitán Rudolf McLeod, holandés a pesar del apellido escocés que estaba destacado en Java (actualmente Indonesia) y a su llegada a Holanda andaba en busca con quién casarse.

Un terrible fracaso matrimonial

El capitán concertó una cita con la joven y ésta se sintió tan satisfecha que no vaciló en vivir con el militar su primera aventura amorosa. Muy pronto quedó embarazada, y al capitán no le quedó de otra que casarse con ella el 11 de julio de 1895. El niño nació 6 meses después de su boda. Años más tarde se mudaron a Java y allí tuvieron una niña.

Pasado el primer momento de pasión cada uno comenzó a mostrarse como realmente era: ella coqueta y viviendo tórridos romances a espaldas del capitán y él, pasando días enteros fuera de casa para divertirse con las muchachas indígenas y cuando estaba en casa hallaba los motivos suficientes para darle a su esposa tremendas palizas.

En sus memorias, la que un día se haría llamar Mata Hari, diría que comenzó a prostituirse en Java, obligada por su querido esposo que le amenazaba con matarla si no lo hacía. Las cosas iban de mal en peor. Finalmente, la pareja acordó separarse por vía legal, el 30 de agosto de 1902, y esto sucedió en Holanda. Greta tenía 26 años y estaba más bella que nunca. Y, además, sabía danzar ya como los ángeles.

Durante su permanencia en Java había aprendido a mover el cuerpo maravillosamente, observando a las danzarinas en sus ceremonias sagradas. Y como Greta era dueña de una tez morena y cabello negro, decidió hacerse pasar por una de ellas, a su arribo a Europa. No habían transcurrido seis meses desde su divorcio cuando se presentaba ya en un salón de París para interpretar una danza ritual. Ahora se llamaba Mata Hari.
Al día siguiente todos hablaban en la capital francesa de la exótica joven y la lista de quienes deseaban gozar de sus favores, a muy alto precio, creció rápidamente. Valía la pena pagar lo que fuera por estar a solas con ella y  también por verla bailar.

Enloqueció a los franceses

Salía a escena en unos velos de gasa y una diadema en su oscura y brillante cabellera. El cuerpo se retorcía como el de una serpiente, mientras los velos iban cayendo uno tras otro, hasta quedar casi desnuda por completo.

Esta precursora del strip-tease viajó por toda Europa ganando el dinero que le vino en gana. La vieron danzar los soberanos y los hombres más adinerados y poderosos. Pero ella jamás tenía bastante. Todo lo que obtenía de sus dos actividades más importantes se le iba en joyas y vestidos. Tenía que encontrar alguna fuente complementaria de ingresoso para cubrir su fuerte déficit. La guerra, que estalló cuando acababa de cumplir 38 años y había alcanzado la plenitud de su belleza fue la solución.

El mismo día en que comenzó el conflicto estaba en Berlín, actuando en un centro nocturno. La vieron acompañada por el jefe de policía. Poco más tarde se hallaba en la neutral Holanda y para enero de 1912 tomaba camino a París. Había dejado amantes leales por todas partes, en especial alemanes pertenecientes al ejército o metidos en la política.

En la primavera del mismo año se encontraba en Madrid, hablando con militares ingleses y alemanes al mismo tiempo. ¿Renacía acaso su viejo amor por los uniformes, que le hacía caer en brazos de cualquier oficial sin preguntarse a qué nacionalidad pertenecían? O, por el contrario, ¿estaba viendo a unos y a otros en busca de secretos militares que le proporcionaran suficientes fondos para pagar a sus acreedores que la acuciaban?

El Enigma de Mata Hari

Los franceses que en aquellos días veían espías hasta en la sopa, centraron su atención en la hermosa danzarina y sus servicios de contraespoinaje decidieron vigiliarla a todas horas. ¿Se había convertido por casualidad en espía de los alemanes? Los servicios franceses de inteligencia se dirigieron entonces a la dama con una súplica: ¿por qué no se animaba madame a espiar también a favor de Francia, en prejuicio del enemigo?

Tal vez en algún momento confió el secreto a un general alemán entre risas. Cometió entonces el error que le costó la vida. Los alemanes no deseaban que fueran a surgir dificultades por culpa de una mujer que no era ya tan linda como hacía unos años y que seguía teniendo el cerebro de una nuez. Pensaron que debían hacer algo para acabar con ella, antes de que se dedicase a pasar todo género de información secreta militar al enemigo, en lugar de enamorar a los oficiales distinguidos.

Se enteraron los alemanes de que los franceses habían logrado descifrar uno de sus códigos secretos. Enviaron entonces diversos mensajes en clave en los que se hacía referencia al agente H.21, seguros que la estación instalada en lo alto de la torre Eiffel no dejaría de interceptarlos y de traducirlos.

Decía el mensaje que H.21 llegaría el 29 de diciembre de 1916 a París, donde recibiría la suma de 5 000 francos por servicios prestados.  La supuesta espía arribó a la capital francesa poco después de lo provisto, el 4 de enero. La estaban esperando ya, para vigilar sus pasos, elementos de los servicios de contraespionaje. Acudió la mujer al banco donde le esperaban los 5 000 francos remitidos desde Holanda por los alemanes. La mujer fue detenida en aquel mismo instante.

Ingenua como siempre, pensó que se trataba de una broma y así se lo dio a entender a las autoridades francesas. No le molestaba que la acusasen de prostituta, veleidosa y derrochadora, pero eso de tomarla como espía ya era el colmo.

Sin embargo esto le costó la vida. Greta Gertrude Zelle dejó este mundo en la madrugada del 15 de octubre de  1917 a los 41 años. Aunque el abogado de Greta le aconsejó que dijera que estaba embarazada a fin de salvar su vida ella se negó. Fue conducida al fuerte de Vincennes, al este de París donde minutos más tarde fue fusilada.

Esta historia nos deja una pregunta ¿fue tan astuta como para infiltrarse como espía donde los alemanes y los ingleses o sólo fue una prostituta con falta de sesos? ¿Por qué si la pintan como una espía brillante, cometió el error de contarle al general alemán que le habían pedido que los espiara?  En mi humilde opinión no fue más que una bailarina exótica con escasez de inteligencia, pero una espía, no lo creo. Aquí coloco unas fotos que conseguí de ella:

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