Los cinturones de castidad: un mito medieval

Esas historias que nos han contado de los caballeros que se iban a las Cruzadas, con una llave colgada al cuello y con su mujer encerrada en un cinturón de castidad, es un mito inventado por los novelistas del siglo XIX.

Los cinturones de castidad eran ropa interior metálica, con una cerradura, que impedía que la  mujer pudiera tener relaciones sexuales, a menos que la pareja tuviera una llave para abrir el tan anhelado cerrojo (ingenuamente nadie pensó que ellas podían ir donde un cerrajero…)

Uno de los primeros argumentos para desmentir este mito es que si una mujer llevara este aparato durante mucho tiempo, moriría de una infección además de sufrir laceraciones producidas por el metal. En segundo lugar, no existen escritos documentando el uso de los cinturones de castidad antes del siglo XVI, ni siquiera por autores tan picantes y concienzudos con las costumbres sexuales del siglo XIV al XVI como Bocaccio, Bardello o Rabelais.

Cinturón de Castidad

Sebestyen Terdik, de la Academia de Roma y encargado de la exhibición llamada “La historia misteriosa de los cinturones de castidad“, asegura que “el mito surgió a partir de la propaganda veneciana contra su enemigo Francisco II de Padua, apodado «el Joven »” Este fue capturado en una guerra y fue estrangulado en su celda junto a su hijo. Esto sucedió en 1406, pero esta ejecución innecesaria trajo mala fama a Venecia.

Para justificar esta muerte, inventaron la leyenda denigratoria de que en realidad Francisco II había sido ejecutado porque había obligado a su esposa a colocarse un cinturón de castidad como instrumento de tortura, por tanto era un «señor sádico, perverso y tirano» (palabras de Terdyk). Por tanto queda descartada la idea de que en aquella época se considerara como normal el uso de este artefacto, al contrario, era considerado como un objeto de tortura.

En los siglos XVI y XVII se escribieron sátiras sobre la utilización de este objeto trasmitiendo el mensaje de que era estúpido controlar a la mujer, porque siempre encontrará la manera de engañar a su marido posesivo.

Es en el siglo XIX cuando los cinturones, más refinados, pequeños y ligeros, son usados por algunas mujeres de Inglaterra y Francia para evitar que las violaran y como una forma romántica de garantizar la fidelidad, además de ser impuestos también a adolescentes para evitar las masturbaciones nocturnas que, se creía, podían comportar enfermedades físicas y mentales.

Actualmente muchas personas utilizan los cinturones de castidad como objeto fetiche para mejorar los encuentros sexuales y no, como se creía lo usaban antiguamente, para evitar tener sexo.

 

Fuentes: Conoze
20minutos

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