La turbulenta vida de Elvis Presley

La muerte de su madre lo marcó para siempre

Marcado por la muerte de su madre y la maldad de su ‘manager’, el coronel Parker, su vida fue de mal en peor. Cuando le llamaron a filas pidió ser uno más. Lo destinaron a Alemania y allí conoció al amor de su vida, Priscilla Beaulieu, la bella hijastra catorceañera de un oficial estadounidense destinado allí. Ascendió a cabo y comenzó a vivir como un ‘rey’. Poseía una gran casa fuera del cuartel, sus ayudantes le planchaban los uniformes y tenía a su novia cada vez que quería. Por el camino, descubrió el gran poder de las anfetaminas y sufrió la muerte de su madre.


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La extravagancia de su indumentaria sobre los escenarios y, sobre todo, los movimientos alocados de su cintura y sus brazos le valieron el sobrenombre ‘Elvis the Pelvis’.
Si la perspectiva de la vida militar asustaba a Elvis, temeroso de que en dos años sus fans ya le habrían olvidado, Gladys estaba aterrorizada, segura de que su hijo iba a morir en alguna guerra lejana. Ella intentó mantener la compostura pero ya estaba enferma.
En agosto de 1958, Elvis recibió una llamada de un amigo, empleado suyo. Su madre había sido ingresada y estaba muy enferma. De inmediato fue a hablar con su joven comandante en jefe para solicitar un permiso especial. «¿Ha muerto ya su madre?», le preguntó.«No. Señor», respondió Elvis. El permiso fue denegado.


Los padres de Elvis
Furioso, fue a otro oficial y amenazó con desertar. Temiéndose un gran escándalo que habría supuesto la deserción más célebre en la historia del US Army, la cadena de mando se movió rápidamente y Elvis fue llevado a Memphis al lecho materno.
Gladys, con hepatitis, estaba en un estado crítico. Tras pasar un rato conversando, ella le convenció para que se fuera a casa a descansar. De madrugada sonó el teléfono. Ella había muerto.Tenía 46 años.
En aquel momento pareció que toda la diversión, el deber y la responsabilidad salieron de la vida de Elvis Presley. Todo el mundo sabía la estrecha relación entre ambos. Ahora, balbuceante, histérico de dolor, sollozaba ante la prensa y las cámaras. «Nunca más dará de comer a las gallinas», le dijo lloroso a su padre.
Tras el funeral, tuvieron que arrancarle del ataúd y sedarle. El coro tenía previsto interpretar cuatro himnos. Al final y a petición de Elvis, cantaron 12.
Una semana más tarde regresó al Ejército. Toda su vida, le dolería que se burlaran de su familia, orígenes, gusto o acento. Nunca le avergonzó el haber crecido en la pobreza y siempre se sintió orgulloso de su madre. Pero sin ella, Elvis se volvió aún más solitario.
Cuando John Lennon hizo una comparación entre la Beatlemanía y la histeria de los fans de Elvis, dijo: «Fue duro para nosotros, pero no tanto como para Elvis. Eramos cuatro para compartir la carga. El no tuvo a nadie con quien compartir a Elvis. Estaba solo». Y siempre lo estaría.
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Le gustaban las jovencitas

A Elvis siempre le atrajeron las chicas jóvenes, a mitad de camino entre la inocencia y la propia conciencia sexual. Pero en el caso de Priscilla Beaulieu esa atracción casi se hizo peligrosa.
La conoció en 1959 cuando ella tenía 14 años. Su padrastro era un militar destinado en Weisbaden (Alemania). Su buena estrella hizo que Elvis estuviera acantonado muy cerca.


Cuando en 1958 Elvis fue llamado a filas, se comentó mucho que hiciera la mili como cualquier otro soldado, pero ¿cuántos soldados del Quinto Ejército de EEUU vivían fuera de la base, cuidados por su padre, su abuela y dos de sus mejores amigos que le lustraban las botas y planchaban sus docenas de uniformes?
¿Y cuántos soldados se hubieran atrevido a salir con una estudiante de 14 años, enviando un coche para recogerla primero y después subirla a su dormitorio?
«¿Qué pasará si la prensa y los admiradores se enteran de su edad?», le advirtieron su padre y sus amigos. Si el Ejército lo supo, nunca dijo nada. La prensa nunca se enteró.
Resulta difícil saber cuán apasionadas fueron las veladas de Elvis en su dormitorio con Priscilla. En su autobiografía, ella firma que llegó virgen al matrimonio cuando finalmente se casaron en 1967, aunque los miembros del círculo íntimo de Elvis se limitan a sonreír. Pasara lo que pasara sexualmente entre ellos, de 1961 a 1967, ella vivió prenupcialmente con Elvis en Memphis. Ella era muy guapa y muy madura para tener 14 años. Elvis se quedó prendado de ella y la vida de Priscilla cambió para siempre.
Mientras tanto, Elvis descubrió que traerse a su padre a Alemania tal vez no fue una buena idea. Vernon Presley siempre tuvo afición a las chicas. Su constante adulterio fue otra fuente de infelicidad para Gladys y tan pronto falleció su esposa, comenzó a perseguir a otras mujeres.
Cuando Elvis todavía se encontraba de permiso especial, una semana después del funeral, pilló a Vernon con una rubia. «¡Maldita sea, papá! Mamá no lleva ni una semana enterrada. Las cosas van a cambiar», estalló Elvis.
Pero no hubo ningún cambio. En Alemania las cosas fueron a peor.Vernon tuvo una relación con Dee Stanley, una mujer casada y, al final, Elvis envió a Vernon de vuelta a Estados Unidos.
No es que Elvis llevara una célibe vida castrense. Priscilla vio que existían otras chicas a su alrededor. Tal vez sus amigotes exageraron al decir que había dormido con todas las coristas del Lido durante una visita a París, pero lo cierto es que se las subía de tres en tres a la habitación.
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Drogas en el Cuartel

En Alemania, los mandos le daban anfetaminas. A fin de mantener a las tropas alerta durante las maniobras nocturnas en la frontera con la Alemania del Este, algunos oficiales repartían anfetaminas a discreción. La mayoría de estos muchachos nunca volverían a tocar una píldora, pero Elvis lo tomó como un hábito.
Aunque bebía poco, siempre tuvo una personalidad adictiva. Ansiaba vivir la vida al máximo y descubrió que las anfetas le permitían mantenerse despierto durante días mientras él y sus colegas iban de correrías sexuales. No se aburría cuando estaba colocado y cuando Priscilla se quejó de que estaba demasiado cansada para hacer sus deberes, la solución fue darle una pastillita.
Durante sus dos años en Alemania, no dejó de preguntarse si podría retomar su carrera al licenciarse. Tuvo que ser un enorme alivio cuando en marzo de 1960, Elvis le dijo adiós a Priscilla y a sus demás amigas europeas y regresó a EEUU. El coronel Parker, durante la ausencia de su cliente, a quien no visitó ni una sola vez en Alemania, no se había quedado con los brazos cruzados.
La gran pregunta era si Elvis sería capaz de dominar la década de los 60. Las primeras sesiones de grabación no pudieron resultar más prometedoras, salieron cinco éxitos, incluyendo It¥s now or never y Girl of my best friend, y lo que probablemente fue el mejor álbum de su carrera, Elvis is back.
A los 10 días de su regreso ya triunfó en un especial TV de Frank Sinatra donde ambos cantaron a dúo. Sinatra, dos años antes, había definido la música de Elvis como un «deplorable y rancio afrodisiaco».
Con sólo 25 años, volvía a ascender en las listas de éxitos y rodaba su primera película tras su paso por el Ejército, G.I.Blues, la historia de un soldado cantante en Alemania, -sin sexo ni píldoras- e incluso tuvo tiempo para tener un romance con su coprotagonista, Juliet Prowse, al que le seguirían otros.
Pero profesionalmente no estaba demasiado contento. Al no ser un compositor, desde el principio escogió con mucho cuidado los temas, concentrándose en el contenido de las letras. Era parte de su embrujo. Ahora se quejaba por teléfono a Priscilla -que no sabía lo de Juliet Prowse- de que los temas para la película G.I. Blues eran malos.
Los viejos amigos y compositores de Elvis, Jerry Leiber y Mike Stoller, (Hound dog, Love me, King creole y Jailhouse rock), habían compuesto más temas para su consideración pero las canciones nunca le llegaron a Elvis. Más avaricioso que nunca, el coronel exigía que todas las canciones de las películas se canalizaran a través de las editoriales musicales de Elvis. Eso significaba que los compositores tenían que rendir un porcentaje sustancial del copyright y futuros derechos al cantante y a su representante.
No es de extrañar que Leiber y Stoller, compositores en la cumbre de su carrera, retirasen la oferta. «¿Por qué no te has negado a cantar esas canciones?», le preguntó Priscilla con toda la sabiduría de una catorceañera. «No puedo, estoy atrapado en todo esto», le respondió su novio.
Elvis no se podía imaginar que las malas canciones de G.I. Blues sonarían a obra maestra comparadas con los temas de las próximas 26 películas rodadas durante los siguientes nueve años.
Tras afeitarse las patillas, ahora se presentaba como un cantante con un repertorio más amplio y de cada sesión de grabación surgía otro puñado de temas millonarios: Are you lonesome tonight? o las adaptaciones de temas de la ópera italiana como: It´s now or never o Surrender. Después vino Suspicion, His latest flame, Little sister, Return to sender y Can´t help falling in love with you. Todo lo que grababa se convertía en un clásico de oro.
Incluso le dieron la oportunidad de interpretar papeles dramáticos en las películas Flaming star y Wild in the country. Para el infortunio de sus ambiciones cinematográficas, ninguna de las dos películas recaudó en taquilla lo mismo que Blue Hawai o G.I.Blues. Los musicales baratos, decidió el coronel, eran el camino a seguir.
Elvis tardaría años en darse cuenta, pero a partir de ahora, la influencia del coronel Parker sobre su carrera, y por lo tanto sobre su vida, sería nefasta.
Cinco años antes, su manager fue un factor crucial para hacerle famoso pero tenía tres enormes defectos: primero y resulta asombroso, no comprendía ni le importaba aquella música, ni siquiera tenía un tocadiscos en casa. Segundo, como el feriante que fue, sólo pensaba a muy corto plazo. Artísticamente era incapaz. Con tal de que su pupilo recibiera un millón de dólares por película, lo demás le daba igual. Tercero, tenía una enorme e interminable afán de dinero, igual que Elvis.
Y sin embargo, a principios de los 60, el coronel se salió con la suya. Elvis tenía entonces una gran voz, un público de todas las edades y una popularidad que seguía en alza
En 1963, todo eso cambió. Llegaron los Beatles, seguidos de cerca por los Rolling Stones. Como si le hubieran cogido dormido, parecía que la corona le fue arrebatada al rey y entregada a la siguiente generación de estrellas del rock.
Si en 1964 Elvis temió por su popularidad tras la invasión de América por los Beatles, no dio muestras de ello. Durante una entrevista con este escritor admitió lo mucho que le gustaban sus primeros discos como el I saw her standing there. Se sentía halagado de ser una influencia tan grande para ellos.
De la noche a la mañana, su pelo teñido de negro, su cara ahora regordeta, sus vaqueros apretados, sus terribles películas y sus pésimas portadas de discos comenzaron a parecer muy, muy anticuados. Tenía 28 años.
Mientras los Beatles grababan A hard day¥s night, We can work it out, Can¥t buy me love o Yesterday, y los Stones lanzaban Satisfaction, Elvis se encontró condenado a interpretar películas musicales con títulos tan ridículos como Paradise Hawaiian style, Harem holiday, o Fun in Acapulco. Mientras que con temas como Petunia: the gardener¥s daughter (Petunia: la hija del jardinero) o There¥s no room to rumba in a sports car, (No hay sitio para bailar la rumba en un deportivo) iba de mal en peor. Era un suicidio artístico.
En 1965, los Beatles fueron a la casa de Elvis en Los Angeles, donde por fin le conocieron. Resultó muy incómodo para todos los presentes hasta que Elvis dijo: «Tíos, si os vais a quedar ahí mirándome toda la noche, me voy a la cama». Aquello rompió el hielo.
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Nostalgia

John Lennon le pidió que cantara como antes
«¿Por qué no vuelves al sonido de antes?», le preguntó John Lennon.«Tengo intención de hacerlo», respondió evasivamente Elvis. Eso era lo que les decía a todos…
«Qué bien. Cuando lo hagas, compraremos el disco» fue la rápida respuesta de Lennon. Los Beatles se marcharon entusiasmados por haber conocido a su héroe. Elvis tenía mucho que pensar. Sus carreras avanzaban mientras que la suya, dirigida por el coronel, iba en dirección contraria. ¿Por qué no se enfrentó Elvis a su representante? Lo más probable es que por puro miedo. El miedo a perderlo todo.
En una ocasión, Bob Dylan me dijo que la versión favorita de uno de sus temas fue cantada por Elvis. Dylan, al igual que otros grandes compositores inició su carrera gracias, en parte, a Elvis.Teniendo en cuenta el status de Elvis, no podía ser muy difícil para el coronel obtener algunas de las mejores composiciones de los 60 para que Elvis las grabara.
Pero el manager era demasiado avaricioso y las editoriales musicales siguieron ofreciendo material musical de segundo orden de las que eran propietarias, no las mejores canciones. Elvis se limitó a hacer lo que le decían. El coronel sabía lo que estaba haciendo, y su comisión había crecido hasta llegar al 35%.
Elvis parecía desconectado de las inquietudes que rodearon a los 60. Su representante le había advertido de que se mantuviera alejado de la política, a riesgo de desairar a la mitad de su público.
Elvis era un decidido partidario de la lucha por los derechos civiles surgidos durante los 60, pero haciendo caso al coronel, mantuvo la boca bien cerrada.
Sin embargo, a pesar de su disposición liberal hacia los derechos civiles, nunca conectó con el feminismo. A Elvis le gustaban las mujeres ultrafemeninas, como muñecas, muy vestidas, obedientes y flexibles, enormes peinados de laca, braguitas blancas, y suficiente raya de ojos como para hacer llorar a Cleopatra. Priscilla Beaulieu era lo bastante joven para moldearla como quería, convirtiéndola en rubia para siempre, gracias a la química.
En 1962, Priscilla que ya era toda una mujercita de 16 años, seguía en Alemania. Entonces recibió una llamada de Elvis preguntándole si quería ir a Los Angeles. Ella dijo que sí. Dos semanas después, estaría tomando anfetaminas para mantenerse despierta y barbitúricos para dormir. Jugar de noche, dormir de día. Una existencia de Drácula.
Un año más tarde, Elvis convenció a los padres de Priscilla para que se mudara a Graceland. Ella entró en un convento católico de Memphis para acabar sus estudios y a él le convirtieron en su tutor legal. Lo asombroso es que la prensa local nunca supo nada de que su nueva inquilina tenía sólo 16 años.
A las pocas semanas de instalarse Priscilla en Graceland, él se marchó a Hollywood para rodar Viva Las Vegas y tener un affaire con Ann-Margret. En su opinión, tenía lo mejor de dos mundos: una incesante y variada vida sexual en Hollywood y una niña pequeña esperándole en Graceland y de la que cuidaba su abuela.
Aunque es poco probable que la abuela Presley supiera algo de las eróticas fotos Polaroid que a Elvis le gustaba hacer con Priscilla en braguitas blancas y sujetador y, al menos en una ocasión, en compañía de otra chica.
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La difícil década del Grammy y de la decadencia

Mientras el mundo cambiaba a su alrededor, los 60 pasaron para Elvis como una neblina de píldoras, sexo, pésimas películas y malas canciones. Hubo momentos de grandeza como en 1966 cuando grabó How great thou art, un álbum con varios himnos negros, que le dio su primer Grammy.
La mayor parte del tiempo, su reacción ante esta basura musical en la que se veía artísticamente encasillado fue de rabia y de frustración hacia quienes le controlaban y a su vez obligaba a la Mafia de Memphis a realizar humillantes actos de supina obediencia.
Era tal su aburrimiento que se compró un rancho, caballos, sillas de montar y 13 camionetas pick-up para poder jugar un rato a los vaqueros y los indios.
El dinero entraba a raudales y salía con la misma rapidez. Se acostumbró a cierto estilo de vida y se negó a reducir costes.Necesitaba las películas con su salario de un millón de dólares para mantener aquel tren de vida y se limitaba a hacer lo que le decía el coronel Parker. Era dinero fácil.
Hacia 1967 parecía que el fenómeno Elvis Presley llegaba a su fin. En Hollywood se le consideraba como una broma de otra época.No sólo los ejecutivos de los estudios se reían de sus películas, ni siquiera gustaban entre sus fans. Los ingresos comenzaron a descender.
Los padres de Priscilla Beaulieu estaban hartos. Dejaron que su hija viviera con Elvis a condición de que algún día se casarían.Ella cumplió los 21 años y ya era hora de que subieran al altar.
En su autobiografía, Priscilla narra una tierna historia de lo felices que fueron cuando por fin se casaron. Algunos empleados de Elvis opinan lo contrario. «El rey ya no quería a Priscilla, pero temía que si no se casaba con ella, quedaría expuesto como el hombre que la sedujo a los 14 años».
Una década antes, la revelación de que Jerry Lee Lewis se había casado con su prima de 13 años enterró su carrera musical.
La boda con Priscilla también le convenía al coronel. De ese modo acallaría para siempre los rumores de que Elvis era homosexual y podría obtener un mayor control sobre su empastillado cliente, a quien ya le sacaba un increíble 50% de sus ingresos. Le dijo a Presley que si se negaba a firmar, le abandonaría y eso sería el fin de su carrera. Increíblemente, el rockero se lo tragó.
Elvis Presley se casó con Priscilla Beaulieu en mayo de 1967.Tenían 32 y 22 años respectivamente. Nueve meses después, nació su única hija, Lisa Marie Presley.
Las cosas comenzaron a mejorar, se grabaron canciones con un sonido más moderno y en 1968, la cadena de TV NBC contrató a Elvis para grabar un especial de una hora. Su primera aparición televisiva en nueve años.
Aquel concierto donde Elvis salió vestido en cuero negro sobre un pequeño escenario se conoce hoy en día como el Comeback special (El especial regreso). Nadie sabía lo que saldría de ello, ni siquiera Elvis.
Hubo que afrontar ciertas realidades. Consciente de que Elvis no sabía hasta qué punto había sido olvidado por el público, el director del espectáculo, Steve Binder, le sugirió que se fueran a una esquina de Sunset Boulevard para ver cómo reaccionaba la gente. Elvis aceptó pensando que sería un baño de multitudes. Casi nadie le reconoció. Para Elvis fue aterrador.
La siguiente batalla fue con el coronel, éste insistía en que el rey del rock cerrara el show cantando un tema navideño. Binder, en cambio, quería algo mucho más cercano.
Al día siguiente, el director le propuso a Elvis el tema If I can dream, basado en el famoso discurso I have a dream del líder negro de los derechos civiles, Martin Luther King, asesinado hacía dos meses en Memphis. El coronel no quería, pero Elvis, por una vez en su vida, ignoró su opinión.
Aquella Navidad el programa se emitió en casi la mitad de los EEUU. If I can dream se convirtió en su primer disco millonario en años. El rey había vuelto.
Cuando Elvis regresó a un escenario en agosto de 1969, estaba tan delgado como cuando dejó el Ejército y muy nervioso. Sabía, desde hacia años, que se había convertido en el hazmerreír de Hollywood, en un hombre cuyo tiempo había pasado.
Hacia el segundo o tercer tema, toda duda se había desvanecido.Cuando bajó el telón, Elvis era el maestro musical de todo aquello.El genuino número uno americano del rock.
Fue un año de cambios. Nuevos músicos, mejores temas y un nuevo productor. El resultado fue espectacular, cuatro millones de discos vendidos incluyendo: In the ghetto y Suspicious minds, y un álbum de éxito: Then came Las Vegas. Me reuní con él tras ver los tres primeros conciertos. Se le veía contento, rodeado por unos seis miembros de la Mafia de Memphis y un coronel Parker que no me quitaba el ojo de encima. En aquel momento, todo parecía ir sobre ruedas para ambos.
Durante la entrevista pidió disculpas por los pésimos temas de sus películas, y anunció que todo sería diferente en el futuro.Hablaba de un nuevo álbum de rock, y de una gira por el Reino Unido y el resto de Europa. Habrían más películas pero sólo con papeles serios.
Hubiera sido mejor para la leyenda de Elvis si todo se hubiera acabado en aquel momento, a los 34 años, en el cenit de su carrera.Pero como todo el mundo sabe, no sucedió así.
Aunque el éxito de Las Vegas se repetiría en interminables giras por Estados Unidos, su vestimenta se fue recargando de lentejuelas y pedrería cada vez más elaborada. Hubo más éxitos pero tras el año 1969, toda la emoción comenzó a desvanecerse. Llegaba la decadencia.
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Comenzó a aburrirse

Volvió a triunfar, pero se sintió nuevamente infeliz. Tras demostrarse a sí mismo y al mundo de que era capaz de hacerlo, se aburrió rápidamente con todo ello y se sintió infeliz, subiendo el consumo de pastillas.
Durante los 60 encontró diversas formas de paliar el aburrimiento con su afición al kárate y hacia las cuestiones espirituales.Desde su infancia baptista, la religión siempre le fascinó. Durante los 60, aconsejado por su peluquero, fue al Centro de la Hermandad para la Autorrealización Espiritual de Los Angeles, pero, cumpliendo órdenes del coronel, Elvis se mantuvo callado sobre su «búsqueda de la verdad» espiritual. Lo cual no estuvo de más. Cuando iba hasta arriba de drogas, se creía capaz de hacer sanar a los enfermos.
A principios de los 70, el coronel despidió al peluquero-gurú porque, en su opinión, «estaba jodiendo la mente de Elvis». Este comenzó a dejar de acudir al centro espiritual y finalmente volvió a sus maratones de compras para aliviar el aburrimiento.
De repente, su interés pasó de los coches a las pistolas y placas de policía. A finales de 1970, su padre, Vernon, el responsable de firmar los cheques, descubrió que su hijo se había gastado en un maratón de compras que duró tres noches seguidas unos 20.000 dólares en una tienda de armas, depositó otros 10.000 para comprarle una casa a un empleado, 10.000 más en una joyería de Los Angeles y como remate 85.000 dólares en 10 coches Mercedes para regalarlos.
Vernon se enfrentó a su hijo. «Hijo, nos vas a llevar a la ruina», dijo Vernon por centésima vez mientras que Priscilla, su parsimoniosa esposa, asentía con la cabeza. Elvis estalló de ira. «Es mi maldito dinero», gritó. Acto seguido, salió de la casa hecho una furia.
Al anochecer, Elvis Presley aún no había regresado a la mansión de Graceland. Nadie le había visto. Se hicieron llamadas. Por primera vez desde que se hizo famoso nadie sabía dónde estaba. Nunca antes había estado solo.

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