Historia de las Pruebas de Embarazo

Todas las mujeres hemos usado alguna vez una prueba de embarazo pero nunca nos preguntamos cómo hacían nuestros ancestros para saber si estaban en cinta. Utilizando distintos métodos nuestras abuelas salían de la duda de forma bastante creativa.

He aquí la historia de las pruebas de embarazo:

Un papiro del Antiguo Egipto cuenta que para detectar el embarazo se hacía orinar a la mujer durante varios días sobre semillas de trigo y cebada. Si después de un tiempo germinaba la cebada, el hijo sería varón; si germinaba el trigo, sería mujer; si no germinaba ninguna semilla, la mujer no estaba embarazada (aparentemente el papiro no menciona cual era el diagnóstico si germinaban ambas). Estudios hechos en 1963 mostraron que la orina de una mujer embarazada promovía la germinación el 70% de las veces, mientras que nunca lo hacía la de las mujeres no embarazadas o los hombres.

En 1928 los ginecólogos alemanes Selmar Aschheim y Bernhard Zondek desarrollaron el método siguiente. Se inyectaban pequeñas cantidades de orina en ratas hembras impúberes, dos veces por día durante 3 días sucesivos. Al cabo de unas 100 horas sacrificaban las ratas e inspeccionaban sus ovarios. Si éstos se hallaban engrosados, había un 80% de probabilidad que la mujer estuviera embarazada.

En 1930 Collip y colaboradores descubrieron que la orina de las embarazadas contenía —luego se descubrió que eran en realidad fragmentos de ésta— la hormona gonadotropina coriónica humana, actualmente denominada HCG por la sigla de su nombre en inglés Human Chorionic Gonadotropin.

En 1942, el citólogo argentino Eduardo de Robertis —que en ese momento era Jefe de Trabajos Prácticos dedicación exclusiva de la cátedra de Histología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y Jefe de la Sección de Citología e Histofisiologia del Instituto de Anatomía General y Embriología— determinó que la HCG actúa sobre las células de Sertoli provocando la expulsión de espermatozoides en los sapos. Su condiscípulo Carlos Galli Mainini, mientras trabajaba en el Hospital Rivadavia de Buenos Aires entre 1942 y 1947, dedujo que si la mujer embarazada eliminaba HCG en la orina, su inyección en sapos causaría la maduración y expulsión de sus espermatozoides. Inyectó orina de mujeres embarazadas en el saco linfático dorsal de sapos macho Bufo Arenarium; al cabo de 2 o 3 horas examinó al microscopio su orina observando la presencia de espermatozoides. El método, luego denominado Reacción de Galli MaininiTest de la rana, proporcionó un modo eficaz y económico de diagnóstico precoz del embarazo y por ello se usó masivamente en Argentina y América Latina durante muchos años. A juzgar por la falta de referencias en Internet, el mismo no tuvo difusión en Europa y Estados Unidos, donde aparentemente se usaron otros métodos biológicos hasta el desarrollo de los inmunitarios algunas décadas después.

Pruebas Modernas

La primera prueba “moderna” para el embarazo detecta la inhibición del factor de preñez temprana (EPF, por sus siglas en inglés). El EPF se puede detectar en la sangre en las 48 horas siguientes a la fertilización.  Sin embargo, las pruebas del EPF son caras y toman mucho tiempo.

La mayor parte de las pruebas químicas buscan la presencia de la subunidad beta de la gonadotropina coriónica humana (hCG) en la sangre o en la orina. El hCG se puede detectar en la orina o la sangre después de la implantación del producto en la matriz, que ocurre de seis a doce días después de la fertilización. Los métodos cuantitativos (suero beta) pueden detectar niveles de hCG tan pequeños como 1 mIU/mL, mientras que las puebas de orina requieren de 20 a 100 mIU/mL, dependiendo de la marca.  Las pruebas cualitativas de sangre generalmente tienen un umbral de 25 mIU/mL, así que tienen menor sensibilidad que algunas pruebas de orina caseras.

Con ultrasonido obstétrico, el saco gestacional puede algunas veces visualizarse tan temprano como a las cuatro y media semanas de gestación (aproximadamente dos semanas y media después de la ovulación) y el “saco de yema” (en inglés, yolk sac) unas cinco semanas después de la gestación. El embrión puede ser observado y medido a las 5 semanas y media.  El latido del corazón puede ser detectado a las 7 semanas de gestación, y en ocasiones se ha observado desde las 6 semanas

Compartir

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS