El amor: un proceso químico en nuestro cerebro

A pesar que muchos aún aseguran que el amor se da en el corazón, las investigaciones científicas niegan esta romántica perspectiva: ese sentimiento que a muchos domina, se origina en el cerebro.

novios

¿Quién diría que ese fuego apasionado, esas mariposas en el estómago, ese palpitar desenfrenado del corazón es debido a unas hormonas denominadas endorfinas que producen esos efectos físicos en nosotros?

Para seguir arruinando el romanticismo, el psiquiatra José Miguel Gaona explicó que el amor “no deja de ser una conjunción de reacciones químicas, ligadas a otros estímulos como alimentación, actividad sexual o aficiones similares”.

De esta forma sólo nos “enamoramos”, según los expertos, para un único fin y es el de procrear. Ese tipo de reacciones químicas y físicas tienen una función determinada: “crear vínculos que permitan cuidar a la descendencia”,  puntualizó.

Las endorfinas 

El fuego en el interior, la falta de respiración, la sensación de “mariposas” en el estómago, son causados por unas hormonas que actúan como neurotransmisores y que aumentan en los momentos placenteros de la vida: la norepinefrina, la dopamina y la feniletilamina.

Según el psiquiatra, el amor tiene tres fases:

  • Primera fase: reconocemos en la pareja actitudes, virtudes y otros elementos clave que responden a la frase “me parece atractivo”, explicó Gaona.
  • Segunda fase: “es el momento de las fantasías desbocadas, en el que atribuimos cualidades extraordinarias a nuestra pareja debido al bienestar endorfínico que nos produce su cercanía”.
  • Tercera fase: En las dos últimas etapas hay más trato y actividades en común, y se crea un vínculo emocional y sexual, con una segregación importante de la feniletilamina, que también aparece en el chocolate, de ahí que no sea casual que este dulce sea considerado como un sustituto del sexo.

Además según este experto, el amor es adictivo. Cuando rompemos con alguien y sentimos esa angustia, esa necesidad de estar a su lado, es debido a que ya no tenemos en nuestro cerebros las endorfinas y la hormona causante de la adicción, la apomorfina, comenzando a sentir el síndrome de abstinecia.

Gaona considera que las relaciones no tienen por qué terminar una vez que acabe el amor romántico, a pesar de que esta sensación sea “sumamente adictiva”.

Fuente: 20minutos.es

Compartir

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS