Después de leer un sinnúmero de análisis acerca de este maravilloso libro el cual posee una cantidad de arquetipos y significados dignos de estudio, descubro con curiosidad que su autor, Lewis Carroll, gustaba de estar rodeado de niñitas, “amigas” suyas. De hecho, Alicia fue basada en una amiga del autor que se llamaba Alice. Entonces podemos pensar que tal vez, así como el autor de Peter Pan, era una persona que gustaba de la compañía infantil, pero resulta que más que gustar de la compañía de estas pequeñas también gustaba de fotografiarlas desnudas y al ser descubierto fue acusado duramente por lo que tuvo que dejar su afición por la fotografía incursionando en la pintura, sí, de desnudos infantiles.
Las fotografías de sus amigas al desnudo fueron destruídas después de su muerte para limpiar su nombre. Así que cuando leemos este libro nos introducimos a la psicología turbada de un pedófilo.
La otra cara de Carroll es la de Charle Ludwidge Dodgson, su verdadero nombre. Se trata de un señor serio y atildado, diácono y conservador, matemático y profesor de la Universidad de Oxford. Según parece era un hombre aburrido, tartaja y tremendamente puritano, autor de veinticinco libros de lógica y matemática, obsesivo y recalcitrante y posible víctima de su propia represión. Es probable que muriera virgen, pese al montón de niñas que había tenido en sus brazos o en sus rodillas, y a las que se había ligado como autor que era de los dos libros infantiles que ellas adoraban.
Lewis Carroll no terminó el libro hasta 1864, pero para entonces ya se había roto la amistad quemantenía con los señores Liddell. Aún así le envió su manuscrito firmado a Alice, que lo conservó toda su vida. No se sabe con seguridad las razones de la ruptura con la familia de Alice. Se sospecha que se le ocurrió pedir la mano de la niña en matrimonio cuando ella sólo tenía once años y él treinta y uno, y que fue rechazado con más de un insulto por parte de la señora Liddell, que se sintió ofendida al comprobar que las maneras de su antiguo amigo eran demasiado cariñosas. No podían imaginar los padres de Alice que su hija acabaría siendo inmortalizada por la pluma excéntrica de aquel excéntrico. Y mucho menos que ellos también permanecerían en la memoria de los hombres vinculados al extraño caso del Sr. Dogdson y Mr. Carroll.






