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Soy fanática de Charles Chaplin pero una de las películas que más me conmueven es El Gran Dictador, no sólo porque fue la primera película sonora de este actor de cine mudo, sino porque el discurso final que brinda Chaplin está vigente todavía en nuestros tiempos donde expone que los humanos nos hemos convertido en máquinas y hemos dejado de sentir por culpa de la ambición y la codicia.

El gran dictador, más que una crítica al fascismo y a los gobiernos totalitarios, más allá de la parodia / caricatura grotesca que propone de los gobiernos de Adolf Hitler y Benito Mussolini, es un canto a la esperanza, un canto a la democracia, la paz y la libertad. El mensaje del film, claro y contundente, es subrayado por Chaplin en el mítico discurso final, organizado para celebrar la anexión de Ostelrich a Tomania. El dictador Hynkel es confundido con el barbero judío por sus propios hombres (los dos personajes son interpretados por Chaplin), y este, tras el discurso del ministro de propaganda Garbitsch – “Hoy en día, democracia, libertad e igualdad son palabras que enloquecen al pueblo. No hay ninguna nación que progrese con estas ideas, que le apartan del camino de la acción. Por esto las hemos abolido. En el futuro cada hombre tendrá que servir al Estado con absoluta obediencia” – se ve obligado a dirigirse a una audiencia de millones de personas: “Nos hemos de ayudar los unos a los otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar nadie. En este mundo hay sitio para todo el mundo (…) El camino de la vida puede ser libre y bonito, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos: el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo. (…) La desgracia que padecemos no es nada más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que tienen miedo de seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores y el poder que tomaron al pueblo será reintegrado al pueblo y así, mientras el hombre exista, la libertad no desaparecerá”.

El contexto político de la época impediría que este contundente mensaje de paz y libertad llegara dónde tenía que llegar: la película sería prohibida de manera fulminante en Alemania (Hitler ya había prohibido de manera explícita las películas de Chaplin en el año 1937), Italia y todos los países ocupados por estas dos potencias, y tampoco se estrenaría en Brasil, Argentina y Costa Rica (país sin ejército y de un supuesto “pacifismo”), entre otros países. En España, la película permanecería prohibida hasta en el año 1976. Tras el sangrante desarrollo de la segunda guerra mundial y de las atrocidades cometidas por el régimen nazi en los campos de concentración, Chaplin matizaría sus palabras y la verdadera intención de la película en sus memorias (publicadas en el año 1964): “Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar la película: no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis; no obstante, estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura”.

Curiosidades

  • El idioma que emplea Hinkel en sus disparatados discursos no es alemán. Se trata de una jerga improvisada por Chaplin que puede sonar a alemán, pero no lo es. El film se rodó en 1937 y por entonces en los EE.UU. no había razones para ofender y ridiculizar tan directamente a los alemanes, o eso creían. Por tanto, el idioma que aparece en carteles, vallas, pósters, etc. del decorado tampoco es alemán, sino esperanto. Un idioma artificial creado para unir a los pueblos por el Dr. Zamenhof, un judío polaco.
  • Se dice que, a pesar de estar prohibida en la Europa ocupada por los nazis, Adolf Hitler se hizo traer una copia para un pase privado. No la vio una vez, sino dos. No ha transcendido su opinión sobre la película. Cuando Chaplin supo la historia, afirmó que “hubiera dado cualquier cosa, cualquiera, por saber lo que dijo Hitler cuando la vio…”
  • El nombre completo del dictador que interpreta Charlie Chaplin es Adenoid Hinkel. “Adenoids” significa en inglés “vegetaciones de la garganta”.
  • La idea de hacer esta parodia de Hitler le vino a Chaplin cuando supo que el tirano alemán tenía su misma edad y, aproximadamente, su estatura y su peso. Además ambos habían surgido de la miseria para obtener el mayor de los triunfos en sus respectivas carreras. Otro detalle era el del bigotito de Hitler del cual Chaplin afirmaba convencido que se lo había copiado a su personaje de Charlot.
  • Según cuentan sus biógrafos, cuando Chaplin se enfundaba el uniforme del dictador Hinkel, actuaba con más agresividad de lo normal con los miembros del equipo de rodaje. Una actitud que se suavizaba notoriamente cuando interpretaba al barbero judío.
  • Chaplin no era judío, pero sí lo fue su medio hermano ya que el padre de éste sí que tenía orígenes judíos. El hermano de Chaplin fue su mejor amigo y por respeto a él, Chaplin defendía a los judíos.
  • Es la primera película hablada que dirigió Charles Chaplin.

Datos tomados del artículo escrito por Arturo Zafra

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