Algunos científicos de vanguardia, de mente más abierta, comienzan a opinar que la línea recta no es lo que se creía, la distancia más corta entre dos puntos en el espacio, sino que existen caminos más cortos que permitirán algún día realizar viajes al pasado o al futuro. Y añaden que esto es matemáticamente posible. Existe en el espacio, según ellos, lo que han dado en llamar “gusaneros o agujeros en el tiempo” que permitirán realizar estas dos operaciones, viajar de manera instantánea por el espacio y por el tiempo.
El caso más asombroso conocido de viajar por la cuerta dimensión, es decir, por el tiempo, parece haber sucedido la mañana del 14 de octubre de 1943 en un bar del puerto fluvial de Filadelfia, capital de Pensilvania que atraviesa el río Delaware. Quienes se encontraban en la taberna afirmarían después haber visto a tres marineros desaparecer de repente, así como unos obreros de los astilleros vieron desvanecerse en el aire un destroyer. Y en la base naval de Norfolk, situada en el estado de Virginia, vieron aparecer el barco, surgido de la nada. Lo sucedido iba a ser publicado por la prensa, pero llegó una orden tajante del Pentágono: debía guardarse el máximo silencio sobre lo sucedido.
En 1955, cuando era vendedor de automóviles en la ciudad de Washington, Morris K. Jessup, quien había estudiado astronomía en la universidad de Michigan, escribió un libro sobre los OVNI y los principios en ls que se basaban para realizar largos viajes en cosa de segundos: la antigravedad y la teoría del campo unificado ideado por Albert Einstein. Se dirigió entonces a un legislador para invitarlo a crear un programa destinado a establecer viajes espaciales tan efectivos como económicos.
El 13 de enero de 1956 llegó a su poder una carta escrita por cierto Carlos Miguel Allende, quien se haría llamar Carl Allen. Le explicaba que en octubre de 1943 la Armada había utilizado la teoría de Einstein menconada en su libro para lleva ra la práctica loq ue se dio en llamar Philadelphia Project: se trataba de teletransportar un barco de guerra desde los muelles de Filadelfia hata el área de Norfolk, distante unos 380 kilómetros, para regresarlo al mismo lugar minutos más tarde.
La experiencia resultó, pero produjo unos efectos secundarios tan desatrosos que debió ser abandonado el proyecto: muchos tripulantes del barco enloquecieron, pero Allende había podido entrevistar a muchos testigos. Poco después, Jessup fue invitado a acudir a la Oficina de Investigaciones Navales de la capital norteamericana, donde le entregaron un ejemplar de su libro, lleno de antoaciones, que un desconocido les había enviado. Jessup reconoció la escritura: era de Allende. ¿Por qué se interesaban en aquel asunto las autoridades navales? Jessup quiso saber más de aquel misterio y acudió a la dirección dejada por el escurridizo Allende en su carta. Encontró sólo una granja abandonada. El 20 de abril de 1950, el cuerpo sin vida de Jossip fue encontrado en su automóvil. No se supo si se había suicidado o lo asesinó el desconocido. Años más tarde, en un verano de 1969, Allende declaró públicamente que todo había sido una farse. Sin embargo, diez años más tarde se desdijo esta declaración.
Grandes Enigmas. Tomas Doreste






