El acné es una enfermedad de la piel, cuyas causas no son externas sino internas. La piel está agujereada por poros, especie de ventanillas a través de las cuales respira. Estos poros sirven de puerta de salida al sebo. El sebo es un líquido aceitoso producido por las glándulas sebáceas situadas en la piel profunda. Sirve para suavizar la epidermis y como pantalla contra el sol, el frío, los microbios, etc
En la pubertad las glándulas sebáceas empiezan a veces a segregar demasiado sebo y la piel se pone un poco grasienta. Es el primer paso: la seborrea. Aunque todavía no es acné, si las gládulas intensifican aún más la secreción de sebo, los poros acaban por taponearse y aparecen las espinillas. Dolorosas al principio, maduran en algunos días y se convierten en pústulas llenas de pus.
Cita con el dermatólogo
Primeramente dará un diagnóstico. A primera vista él puede saber si se trata o no de acné y cuál es su estado de evolución. Inmediatamente te someterá a muchas preguntas como por ejemplo si en tu familia hay personas que la padecen, si te has tratado de curar solo, a qué edad comenzaron a aparecer, si te aparecen cuando estás con la regla o con fatiga, etc
Te recetará:
Un tratamiento general: destinado a combatir dificultades digestivas y hepáticas, así como estreñimiento
Un tratamiento local: desengrasado y desinfección de la piel con jabones, lociones y pomadas farmacéuticas
Un tratamiento específico (variará de persona a persona): hormonas, antibióticos, vitaminas y sales minerales, rayos, vacunas especiales, etc.
Curación por tí mismo (a):
Si tu acné no es de mucho tiempo, ni está muy extendido, puedes tratar de ser tu propio médico a condición de ser muy severos para contigo mismo y de cuidarte con regularidad.
Adopta un régimen: Las personas que padecen acné son frecuentemente grandes comedores. Come justo en la medida del hambre que tengas, no más, y si puedes, un poco menos. Olvida la glotonería. Usa sal con moderación. Suprime radicalmente la pimienta y todas las especias (canela, nuez moscada, romero, etc), las salsas, las grasas cocidas, el café, té, golosinas y los pasteles. Elimina la miga de pan. Come carnes y pescados asados, asados sin salsa, frutas, verduras y hortalizas crudas, aliñadas con limón y aceite de oliva prensado en frío (no contiene ningún producto químico). No bebas alcohol. Haz comidas ligeras, mastica bien, almuerza y cena lentamente a horas fijas. Esto es una higiene alimenticia de convalecientes: manjares sencillos, de fácil y rápida digestión y asimilación. La celulosa de las frutas y de las legumbres produce desechos suficientes como para evitar el estreñimiento.
Queda un problema importante: la leche. Esta es rica en calcio y vitaminas y es necesaria, pero los intestinos frágiles soportan mal la leche y una rección epidérmica como el acné puede ser prueba de esta intolerancia. Intenta con leche en polvo para niños de pecho por dos razones: se asimila fácilmente y es mucho más rica en calcio que la leche ordinario. A menos que suprimas la leche complemtamente y hagas un desayuno a la inglesa, que es más energético: por ejemplo, huevo pasado por agua, jamón de York, pan tostado. Entonces será necesario que consumas mucho queso, para así conseguir el calcio y las vitaminas que contiene la leche. El queso manchego, el de Burgos, el de bola, el de Cabrales son minas de fósforo y calcio.
Lávate la cara dos veces al día con jabón bactericida y puedes preguntar en la farmacia que te vendan una crema antibiótica para la cara. Consulta con tu farmacéutico y empieza una vida sana para tener una piel limpia y hermosa.







