¿Fue Rasputín un auténtico patriota?

No es cierto que Rasputín, aquel a quien llamaron el monje tenebrosos haya sido tan nefasto y corrupto como la historia ha insistido en afirmar. Sucede que, desde el principio, se quiso empañar su figura, en especial por parte de la aristocracia rusa y de los fabricantes de armas. Y sabemos que la historia suele escribirla los poderosos y los que siguen con vida. En realidad, hay razones para creer que Rasputín fue un patriota a pesar de sus debilidades, muy naturales en todo ser humano.

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Poseía notables poderes paranormales

En el régimen zarista ocurrieron dos sucesos que siguen intrigando al mundo: primero fue la protagonizada por la princesa Anastasia y el otro suceso la muerte de Rasputín en cuyo organismo, cuenta la leyenda, no hizo mella el veneno que le dieron una noche sus enemigos en una cena. Daremos un recorrido por la vida de este monje para poder entender aún mejor los misterios de su muerte.

Nació Rasputín en la aldea de Provsckoie en 1882. Se ganó el respeto de sus vecinos porque detras de esos ojos negros e inquisitivos se ocultaba una voluntad férrea que subyugaba. Leía los pensamientos ajenos, sabía predecir el futuro lo que ocasionaba impacto en la gente de su época. ¿Pero era un santón como se decía ser, o sólo un embaucador que se aprovechaba de la ignorancia de los campesinos?

En 1903, siendo apenas un joven de 21 años, irrumpió en la ceremonia de canonización de cierto fraile Serafín para lanzar una profecía “Nuestros amados zares han estado esperando inútilmente un heredero varón, después de tantas princesas. Pero yo les digo que el zarevich arribará a este mundo antes de un año”. ¿Quién era este sujeto, barbudo y con ojos de loco? el primer ministro lo investigó y supo que pertenecía a una secta llamada skoptsis

Pertenecía a una secta de ¡castrados!

Por dicha de muchos, esta secta ya no existe pero los rituales de aquellos tiempos eran brutales y terribles. En sus ceremonias sagradas, los tales skoptisis exigían la castración de los fieles varones, que eran drogados o embriagados antes de suceder lo que todos esperaban y no parecían temer.

Se iniciaba el sorprendente culto con cánticos, para acelarar la venida del Espíritu Santo, cuya presencia era captada finalmente por los fieles reunidos. Comulgaban entonces con pedazos de pan blanco adornado con una cruz y se preparaban para el siguiente paso, que no poesía tanta pureza ni tanta poesía. Empujaban el neófito drogado hacia un tronco hueco, sobre el cual debía tomar asiento. El sacerdote a cargo del rito, oculto bajo un orificio abierto en el tronco, realizaba la emasuclación con mano experta, producto de una larga práctica. No piense el lector que sufrían por la amputación de su virilidad, tal vez sería porque acababan de de tomar parte muy activa en escenas de desatado erotismo.

Resulta que uno de los aspectos más importantes del rito consistía en castigar al demonio que llevamos todos dentro y la mejor manera de hacerlo era cometiendo todo género de excesos sexuales. Después de llegar a su fin orgías desenfrenadas, en las que participaban todos con enorme entusiasmo, venía la ceremonia de castración. No volverían a caer nunca más en tentación, seguro que no.

Sea como fuere, Rasputín se salvó de semejante castigo usando trucos antes los sectarios. No hay que censurar al monje, si no era tonto. Supo irse de esa secta a tiempo, ganándose la reputación de santo que agradó a unos y molestó a otros.

Años más tarde, en 1903, la profecía de Rasputín se había cumplido, y tanto se hablaba de sus poderes, de su mirada demoniaca, que el mismo Zar quiso conocerlo en persona. Por aquel entonces el Zar, que era muy creyente de superticiones, magia, etc, tenía como principal consejero al francés Antelmo Philippe el cual también tenía dotes adivinatorios y era curandero desde que él era un niño. Muchos intentaron alejarlo del Zar poniéndolo como farsante, hasta la misma Iglesia buscaba la forma de liberar al país de aquel charlatán pero sólo una persona pudo alejarlo: Rasputín.

¿Lo hizo por envidia? Nunca se ha sabido las principales razones ni tampoco cómo llegó a presentarse ante el Zar y la Zarina y ni mucho menos, cómo logró curar el terrible mal que amenzaba al zarevich, el único heredero varón del trono. El niño padecía de hemofilia que en otras palabras, es una excesiva fluidez de la sangre provocada por la ausencia de plaquetas que contribuyen a cerrar las heridas.

¿Cómo logró curar esta enfermedad? ¿Será acaso que el “santo” Rasputín utilizó la sugestión por medio de hipnosis? ¿Utilizó algún remedio utilizado en su aldea pero desconocido por los médicos? Como era de esperar, los zares le estuvieron agradecidos de por vida.

Los “poderes” de Rasputín muy pronto amenzaron a muchos. De hecho, se dice que un ministro que se atrevió a amenazarlo murió extrañamente en el palco del teatro cuando, según dijeron lo que todo lo saben, Rasputín le lanzó una mirada fulminante desde el otro lado del teatro.

El monje presintió su muerte y en 1916 escribió una carta, auténtica prueba de clarividencia, en la que presagiaba lo que no tardaría en suceder en Rusia.

Extraño asesinato

La noche del 30 de diciembre de 1916, Rasputín se presentó en el palacio del príncipe Yusupov a una cena al que lo habían invitado. Le ofrecieron muy buenas bebidas saturadas de veneno. Suficiente estricina para acabar con un regimiento. Sin embargo, el monje no se inmutó. Suguió hablando y comiendo como si nada. Y los conjurados que esperaban impacientes se atemorizaron ¿Acaso era indestructible aquel hombre? ¿Tenía algún pacto con Satanás de quien debía ser su embajaror en la Tierra? Si el veneno parecía no hacer mella en su organismo, habría que recurrir a otros remedios más seguros. Entonces se le invitó a inclinarse para rezar y allí le pegaron un balazo a bocajarro. Los asesinos que estaban afuera escucharon el disparo y en la prisa uno de ellos tropezó con el cable de la luz dejando todo a oscuras. Todos salieron del lugar y dejaron a Rasputín desparramando sangre a borbotones. Tiempo después regresaron y descubrieron que el monje seguía respirando. Le propinaron más balazos pero fue inutil, Rasputín no moría. Lo levantaron en vilo y lo condujeron hasta el río Neva, que por fortuna se encontraba al otro lado de la calle. Abrieron un boquete en el hielo y dejaron caer el cuerpo en el agua helada. La mano se aferró al borde del hielo. Finalmente, hizo la señal de la cruz y se hundió. Era la madrugada del último día del año de 1916. El 30 de julio del año siguiente, la familia real era masacarada por los bolcheviques y años después, una chica llamada Anastacia decía ser la única sobreviviente.

Verdades o Mentiras. ¿Fue Rasputín un ser tan malvado como lo pintan?

Hay razones para creer que no todo lo que la historia dice sobre el monje es cierto. Se tiene certeza de que los asesinos divulgaron tan fantástica historia sólo para hacerlo ver como un “ser del diablo” y no como un patriota y un amante de la paz.

Generalmente se conoce al monje como  un ser carente de escrúpulos que se aprovechó de la familia real, pero la verdad pudo haber sido otra. Rasputín había aconsejado al zar de todas las Rusias que permaneciera neutral en caso de estallar una guerra entre Alemania y los Aliados porque ningún beneficio obtendría. Incluso se ha dicho, que escribió la famosa carta anunciando el dramático fin de la monarquía rusa movido por el deseo de disuadir a Nicolás II. Sabía perfectamente bien lo que el futuro depararía a su patria.

Los grupos partidarios de la guerra odiaban a Rasputín. Durante la corta ausencia de la corte que se vio obligado a realizar, obtuvieron sus enemigos del débil zar la firma de la orden de movilización. El monje se enteró y envió un telegrama a Nicolás. Insistía en que aún era tiempo de firmar una paz por separado con el Káiser. Y por esta razón, para que Nicolás II no fuera a dar marcha atrás, los grupos poderosos de Rusia y del extranjero hicieron planes para quitar de en medio a aquel estorbo barbudo conocido como Rasputín

Penosamente, muchas novelas, películas y documentales morbosos presentan la muerte del monje con todos los detalles escatológicos que sus asesinos hicieron creer al público nada más para  convencerlos de que fue correcto acabar con ese ser demoníaco. Y ahora, que recorro la web, descubro que más se recuerda a Rasputín por su pene castrado que es exhibido en un museo de San Petsburgo que por su patriotismo y lealtad al Zar.

Tomé algunos de los datos de mi libro de Océano, “Grandes Enigmas”. Lo recomiendo.

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